Proceso y Asamblea Constituyente

«De resultar posible la aprobación de una Asamblea Constituyente las herramientas para llevarla a cabo son básicamente dos: la primera, es que la ciudadanía debe elegir los cuerpos, o sea los representantes, por la vía de la elección territorial, similar, a la cantidad de integrantes que tiene el congreso: la cámara de diputados y el senado. La otra, es por distribución territorial en el formato municipal, en el que se eligen concejales»

¿Por qué primero un proceso constituyente?

La razón más importante es la de construir una nueva narrativa como sociedad. Este argumento, es discutido por la facción más dura de la derecha chilena, ya que, lo atribuye a una idea de refundación. Noción, muy mal utilizada, porque se asocia a una especie de izquierdismo o comunismo, que pretende destruir el sistema económico y la libertad, que por supuesto, se la agradecen a la dictadura de Pinochet. Lo que intenta, por lo tanto, hacer una parte de este sector (incluyendo desafortunadamente al presidente) mediante la recursividad, es encauzar la discusión hacia el histerismo, la desesperación, e incluso el cansancio, para que la gente comience a enemistarse y a agredirse mutuamente. ¿Cómo entonces enfrentarse ante este tipo de desestabilización moral? Aquí, es cuando viene la sustancia, la sangre, el corazón de la estrategia. Lo primero, es lo que Gabriel Salazar denominó «El poder nuestro de cada día» documento que escribió hace algunos años atrás, para orientar a algunas agrupaciones sociales que le habían solicitado ayuda para llevar a cabo un Proceso Constituyente.

El historiador aguzadamente detalla cuales son las verdaderas posibilidades que tiene el pueblo de realmente ejercer el poder, porque es absolutamente nefasto, seguir con ideas de organización social, si no se adscribe al principio de soberanía popular, que se refleja profundamente en la autonomía que los pobladores puedan llegar a adquirir. (la irrestricta necesidad de autoeducarse) Y para ello, dice Salazar, deben cohesionarse tres principios: diagnosticar claramente los problemas que nos afectan, acordar un conjunto de soluciones y acumular el poder necesario para imponer esas soluciones mismas. Una vez que estas tres capacidades estén alineadas, es cuando las asambleas están preparadas para ejercer las condiciones de soberanía. Salazar, apunta a que estos conceptos son vitales, pues no basta solo con las marchas o la violencia, (a pesar de que son necesarias) porque históricamente ese tipo de manifestaciones solo han conducido a migajas, represión de parte de nuestras fuerzas armadas, y como siempre, la elite termina por entronizarse en el poder institucional.

En simple, y siguiendo la lógica de las premisas antes esgrimidas, podríamos decir, que ahora, el pueblo de Chile, se encuentra viviendo un momento genuino de Proceso Constituyente. Los cabildos autoconvocados, son una muestra de ello, es por eso, que en nuestra crisis, cobra más importancia que nunca la urgencia del pueblo, de aprender a practicar los tres principios ya mencionados, y así poder liderar una transformación sustancial, o sea, cambiar el relato país, para producir soberanía y decidir sobre qué es lo que se necesita realmente para vivir mejor.

La Asamblea Constituyente como mecanismo

Es un hecho que en Chile no están las condiciones legales para iniciar una Asamblea Constituyente. Por lo tanto, la tarea inicial, es reformar de la actual Constitución, los artículos 15 y 32 para habilitar al congreso y al presidente para convocar a un plebiscito. Actualmente este trámite ya se aprobó en la Comisión de Constitución. De no prosperar, la única alternativa que quedaría es que el presidente se comprometiera a darle el visto bueno al plebiscito, respetando los resultados finales. Digamos que este camino, es un poco más complejo, porque iría por fuera y tendría que contemplar recursos del fondo del 2% de emergencia.

De resultar posible la aprobación de una Asamblea Constituyente las herramientas para llevarla a cabo son básicamente dos: la primera, es que la ciudadanía debe elegir los cuerpos, o sea los representantes, por la vía de la elección territorial, similar, a la cantidad de integrantes que tiene el congreso: la cámara de diputados y el senado. La otra, es por distribución territorial en el formato municipal, en el que se eligen concejales. Dicho esto, como en cualquier tipo de elección, se inician compañas monotemáticas, con el único propósito de discutir cómo será la nueva Constitución. Al mismo tiempo, es importante destacar que el congreso y los poderes del Estado siguen en funciones sin verse alteradas sus atribuciones propias. Finalmente, este texto que es elaborado por toda la población, es sometido a un referéndum para que se ratifique.

¿Por qué no quieren cambiar la Constitución vía Asamblea Constituyente?

Para muchos, la Asamblea Constituyente es un arma de peligro público. Y la razón histórica es obvia: defender la Constitución de 1980 que justifica y legitima la dictadura militar. Pero lo más relevante que motiva a preservar está carta fundamental, está en la filosofía que la engendra, es decir, los pensamientos políticos y sociales de Jaime Guzmán, quien promueve esta Carta magna para la creación de una nueva institucionalidad, causas por las que decide eliminar la Constitución de 1925. Este es un recurso muy propio de los regímenes totalitarios, como el de Hitler con el concepto Führerprinzip (autoridad a toda prueba) o el de Franco en 1931 con la elaboración de la doctrina del caudillo. En consecuencia, la línea de razonamiento que tiene Guzmán proviene del autoritarismo, que posteriormente es conjugado bajo los preceptos de «autoridad y libertad, que son las palancas armoniosas» como explica el profesor Renato Cristi en su libro el «Pensamiento Político de Jaime Guzmán» Creo, también, que es importante agregar, que, en este mismo texto, se explica que el ex senador prefería la democracia chilena del siglo XIX, pues consideraba que era importante dejar a amplios sectores de la sociedad sin participación política. ¿Le suena conocido este principio en nuestro país?

Nuestro verdadero rostro

Por último, como también lo hace ver el profesor Salazar, este puede ser el momento de alejarnos de consignas exportadas ( Cuba, China, URSS) y por fin afianzarnos a lo que realmente somos, esto quiere decir, nuestra memoria histórica, nuestro propios cimientos como pueblo, para que este florecimiento, nos permita derribar esa montaña que hemos tenido siempre sobre nuestros ojos, y al igual que una de las protagonistas de la novela «El señor de los Sueños», de Roger Zelazny, tal vez, después de estar mucho tiempo invidentes, nos acerquemos a ese río y en el agua podemos ver por primera vez nuestro rostro.

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