Llámenlo por su nombre

¿Por qué ningún representante de los derechos humanos lo defiende para que de una vez por todas lo llamen por su nombre? o ¿ya no se puede? Porque todos hablan del fracaso del Estado, del apoyo que se le brindó, de las falencias de la salud mental y un sinfín de etcéteras. Pero nadie lo llama por su nombre. ¿Es mucho pedir que pueda ser reconocido como Cristóbal Cabrera Morales? ¿Alguna vez volverá a ser llamado así? Cristóbal.

Cristóbal. Ese es su nombre. Sus apellidos. Cabrera Morales. Imagino a su profesor llamándolo así. Cabrera aquí y Cabrera allá. Suele pasar en las escuelas públicas que a los niños lo llaman por su primer apellido. No por su nombre. En su población, la Villa Cousiño Macul, en Peñalolén, le pusieron «Cisarro». A sus cortos años todos lo conocían así porque él no podía pronunciar la palabra cigarro. De su familia, lo que se sabe que es que su padre, Pedro, desapareció de su vida cuando él tenía pocos meses. Su madre, Jacqueline cargó sola con sus tres hijos. Todos han tenido formalizaciones y han sido imputados. Ella también. Por microtráfico.

Cristóbal el año 2008 fue detenido luego de participar en dos asaltos en la comuna de las Condes. Uno en el domicilio del japonés Masataka Wada y el otro en la casa del ex presidente del directorio de TVN, y del CEP, Leónidas Montes.  A los nueve años la fama le llegaba de sopetón. Los medios comenzaron entonces a transformarlo en un ícono de la cultura pop delictual. Lo llaman «Cisarro». Podríamos decir que aquí comienza su proceso de transustanciación. Su cuerpo y su sangre dejan de ser Cristóbal y se convierten en el «Cisarro». Todos lo conocemos así y es citado constantemente por la gente ante cualquier situación que implique una maldad. Escuché muchas veces esa palabra en reuniones típicas— oye que es cisarro este niño, mira cómo se comporta— todo eso mientras el regalón de la familia hacia algo impropio. La naturalización de su sobrenombre se volvió habitual.

Como en sus primeras detenciones era menor de edad, fueron varias instituciones las que intentaron ayudarlo, sin embargo, él seguía delinquiendo y acrecentaba sus antecedentes con cada paso por tribunales.  El año 2010 se escapó del centro del SENAME donde estaba en tratamiento neurológico.  Volvía a aparecer en los medios. El «Cisarro» hoy fue detenido… bla bla bla… el menor de edad conocido como el «Cisarro» … y así siempre igual. Deformándolo. Nadie lo llama por su nombre.  Finalmente, y después de un variopinto de delitos, Cristóbal recibió su condena. Debe estar recluido hasta los treinta y siete años. En la cárcel juvenil de Puente Alto comienza a cumplirla. Por un tiempo no sabemos de su vida.

Eso hasta la semana pasada. Nuevamente Cristóbal es noticia, y como siempre no es por su nombre.  Es el inconfundible «Cisarro». Esta vez, nos enteramos que recibió una puñalada en el tórax que lo dejó en riesgo vital. La noticia aparece y como pan caliente, es devorada y comienzan los análisis, las reflexiones profundas y los mea culpas de parte de los expertos y los políticos. Pero nadie lo llama por su nombre. Y es lógico, pues nadie sabe quién es Cristóbal Cabrera Morales. ¿Por qué ningún representante de los derechos humanos lo defiende para que de una vez por todas lo llamen por su nombre? o ¿ya no se puede? Porque todos hablan del fracaso del Estado, del apoyo que se le brindó, de las falencias de la salud mental y un sinfín de etcéteras. Pero nadie lo llama por su nombre. ¿Es mucho pedir que pueda ser reconocido como Cristóbal Cabrera Morales? ¿Alguna vez volverá a ser llamado así? Cristóbal. O quizás sin darnos cuenta al igual que en los regímenes totalitarios, lo degradamos como a un prisionero político y le arrebatamos lo más elemental. Su verdadera identidad. Lo hemos desaparecido. Será entonces mucho pedir, que por favor antes de volver a hablar de él, evitar su alias, y podamos llamarlo solo por su nombre. Cristóbal Cabrera Morales.

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