El premio nobel de economía Esther Duflo y su aporte al desarrollo por una educación más justa

Esther Duflo ( Paris, Francia 1972) es una de las ganadoras del premio Nobel de economía de este año. Ella junto a su marido Abhijit Banerjee ( Calcuta, India 1961) y Michael Kremer ( Estados Unidos 1964) han llevado las teorías económicas a los sitios de los países más pobres. A sus 46 años, Esther es la persona más joven en obtener este reconocimiento mundial y la segunda mujer en esta área después de la estadounidense Elinor Ostrom, galardonada el 2009. Sus aportes han sido significativos en diversas materias, pero quizás uno de lo más trascendentes ha estado en la educación. Aquí, una pequeña explicación de lo que ha logrado conseguir con su mirada microeconómica sobre problemáticas educativas muchas veces olvidadas.

Qué: la educación esté llena de dificultades como inequidad social, ideologización, desidia, pobreza, falta de acceso, especialmente paras las mujeres en algunas partes del mundo y por sobre todo desigualdad en conocimiento y falta de desarrollo de habilidades para poder vivir mejor, no son hoy asuntos cuestionables. No obstante, el cómo y el por qué son las verdaderas preocupaciones que movilizan al mundo.  

Quién: Esther Duflo, ha repensado y muy bien, justamente sobre como poder aplicar mejores políticas educativas considerando la evidencia científica, pero no se queda solo en ese discurso técnico, sino que también en la mirada humana.  Para ella la clave de los mejoramientos en educación están esencialmente en dos ideas. Una:  no invertir más, sino que invertir mejor.  O sea, apuntar a problemas específicos. Dos: los incentivos sean cuales sean, deben ir en relación a como los agentes educativos pueden ver resultados relevantes en el corto, mediano y largo plazo, y que, sobre todo, esos resultados, se relacionen con sus necesidades.  

Por qué: en su libro «Repensar la pobreza», escrito junto a Abhijit Banerjee, la economista en el capítulo los «Mejores de la clase» explica lo siguiente: la educación per se no es mala. Es muy probable que en todas partes del mundo la gente tenga y valore una idea subjetiva de educarse. Por lo tanto, lo que se considera una buena o mala educación se condice con las instituciones que las imparten, o sea, las escuelas, pues son estas las que proveen al país de los individuos que deben ser capaces de llevarlo a mejores índices de desarrollo (en el amplio sentido por supuesto). En consecuencia, esta calidad está determinada por diversos factores como inequidad, desnivelación de contenidos, absentismo y mala calidad de parte de los profesores, padres que no mandan a sus hijos a clases, porque consideran que es una inversión en el largo plazo que no rendirá frutos, y, en fin, una serie de elementos que se incrustan para impedir el mejoramiento en los aprendizajes de los estudiantes.

Cómo: entonces, ¿cómo ayudar a que mejore la calidad de la educación en el mundo? Después de observar muchos casos de escuelas vulnerables en África, Asia meridional y Estados Unidos, con malos resultados, y otras con buenos indicadores de aprendizajes, una de las conclusiones que obtiene la economista es la de nivelar a aquellos que tienen pobres rendimientos académicos. En términos simples, en Chile eso se traduciría en los niños con peores notas. Y los métodos para mejorar a esos niños, son variados, de hecho, va más allá del cómo, ya que lo central está en por qué hacerlo. Esta es una de las propuestas más interesantes, porque para comprometer a las comunidades educativas con aprendizajes de calidad, se deben repensar las «expectativas», para la autora este concepto es una trampa, porque los directivos luchan por un arquetipo de estudiante que les impone el Estado y que ellos desean alcanzar, cuando la primera preocupación debiese ser ¿Qué estudiante tengo? y luego ¿Qué necesita este tipo de estudiante?

Algunos tecnócratas dirán que pensar la educación desde esa perspectiva, va en desmedro de la igualdad social, porque nivela hacia abajo, pero lo cierto es que esta mirada, promueve un sentido mucho más solidario, porque es consciente y colaborativa, no margina al que sabe menos y utiliza al que sabe más respetando su individualidad sin segregarlo.  Por ejemplo, si quieres premiar, premia, utiliza el concepto de «mérito», pero úsalo bien ¿Por qué vas a recompensar siempre la lógica de las mejores calificaciones? ¿No será acaso adecuado también premiar a un niño, que quizás hace dos meses no podía leer fluidamente, pero que ahora lo hace?

Cuánto: cuánto es el aporte de Esther Duflo, mucho. Ella ha logrado comprobar como una gran cantidad de escuelas pobres mejoraron sus estándares de calidad sobre estas premisas, apostando a producir verdaderos cambios en comunidad, es decir, siempre comprender el lugar en donde se imparte la enseñanza, luego aceptar ese lugar y no «venderse pomadas» de que se deben tener metas homogeneizadas, eso es nefasto para los estudiantes con más dificultades. Finalmente centrar las expectativas de los alumnos, si es urgente que puedan moverse en niveles diferentes. Explico: lo que plantea Duflo, es que si un niño está muy bien en lectura, y asiste a octavo básico, que continué, pero si en matemáticas debe descender a séptimo, que también pueda hacerlo. La toma de consciencia del contexto, debería llevar a esa flexibilidad.

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