Bateson y la Ecología de la Mente

Gregory Bateson(Grantchester, Reino Unido 1904- 1980) fue uno de los pensadores más complejos y extraordinarios del siglo XX. Su inteligencia divergente lo aproximó a escudriñar e interrelacionar campos diversos como la ciencia, la filosofía, la lingüística y la cibernética. Uno de sus libros más aclamados tiene por nombre «Pasos hacia una Ecología de la Mente» y en su introducción Bateson explica detalladamente la importancia de por qué se debe poner por encima de cualquier idea fundamentalista, un pensamiento capaz de abarcar, conectar y sintetizar de manera eficiente el campo ecológico, que es en concreto la capacidad de crear puentes en la mente humana. 

Ahora, como se avanza hacia este campo es lo interesante, pues Bateson predica que no se debe considerar al razonamiento inductivo, tan propio de la formación científica, como el único tipo de razonamiento educable. Este rechazo, se justifica, según él, por la sencilla razón de que al ser humano se le ha impuesto esta forma de argumentar, demostrar y pensar, lo que ha traído como secuela, que la vida, no se pueda comprender más allá de algunas verdades establecidas. Bateson, plantea entonces, que lo más óptimo es acercarse a un pensamiento propio, que se construye básicamente con otras mentes, otras disciplinas y por, sobre todo, con la desmitificación de la individualidad de lo cierto, porque, esta certeza particular, es esencialmente un «fenómeno de contexto», esto quiere decir, que la realidad de cada individuo está sujeta a elementos interactuantes con los que se vincula, muy posiblemente, solo en determinados espacios.  

Es, por lo tanto, a fuer de estas premisas que el británico, defiende una metarrelación del conocimiento, pues solo así, se puede llegar a esas conexiones necesarias para comprender tanto las trivialidades, como las profundidades de lo humano y lo no «humano». Por ejemplo, un artista — digamos un poeta— lo que hace es conceptualizar sensaciones que él siente al observar. Actúa entonces, su capacidad creativa y visionaria que le permite entregar al resto de las personas una propuesta diferente y abre un paño de posibilidades que hasta antes de su idea, no existían. La pregunta entonces que se descuelga, es ¿si el poeta tiene un talento, y al igual que un científico, crea conceptos, filosofía, sensaciones, etcétera, por qué caer en la lógica aislacionista y separar este conocimiento del conocimiento «duro»?La respuesta a esta interrogante se desprende de la construcción histórica del conocimiento científico, que desde el siglo XIX ha generado una mirada segregadora y soberbia, basada en lo empírico e inductivo. 

En conclusión, el campo de la «Ecología de la Mente» se preocupa de no fragmentar, desmembrar o reducir los saberes, de la idea de un «todo», ya que, su posición tiene relación con el intento por considerar que podemos obtener mejores posibilidades de generar conocimientos más amplios y profundos si somos accesibles y sensibles, primero, a no desechar lo que el hombre ha construido con filosofía, con misticismo, con poesía, con todo aquello que podríamos determinar como abstracto, y que, si bien lo es, al mismo tiempo, no lo es. Y, en segundo término, finalmente, poder encontrar puntos de encuentro entre las diversas disciplinas, para que, en los caminos hacia las verdades fundamentales, podamos decir que hubo una aspiración mayor, más sabia, y no solo hedonista, por demostrar empíricamente e inductivamente el conocimiento. 

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