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Mac DeMarco: El equilibrio perfecto entre el romance y el desenfreno

Mac DeMarco en Chile

La noche del sábado 18 de abril en Santiago se sentía cargada de esa energía particular que solo el «padrino del indie» puede convocar. Mac DeMarco regresó a Chile para demostrar que, aunque pasen los años y sus discos se vuelvan más experimentales y minimalistas, su conexión con el público local es un lazo inquebrantable de locura, intimidad, romance y caos.

A continuación, desglosamos lo que fue una jornada inolvidable de relajo y desenfreno.

Entre la sobriedad de «Guitar» y el carisma de siempre

El reloj marcaba las 20:59 cuando las luces se atenuaron y el escenario cobró vida. Sin grandes parafernalias, con la cercanía que lo caracteriza, Mac comenzó la velada presentando a su banda, estableciendo desde el primer segundo ese tono de «reunión de amigos» que tanto agradece su fanaticada.

El puntapié inicial lo dio «Shining», la pieza que abre su más reciente trabajo discográfico titulado Guitar. Fue una apuesta arriesgada pero efectiva, otorgando una atmósfera contemplativa que envolvió el recinto. Si bien en los primeros acordes el micrófono de Mac se percibía un poco bajo en la mezcla, el equipo técnico ajustó las perillas rápidamente para ofrecer, durante el resto de la noche, un sonido excelente y muy equilibrado. Esta claridad permitió apreciar cada matiz de su nueva etapa musical, más madura y serena, antes de que el público chileno, históricamente eufórico, decidiera que era hora de subir los decibelios.

Un viaje discográfico marcado por el humor y la destreza física

Lo que siguió fue un viaje inolvidable a través de su catálogo. Mac no se guardó nada y ofreció un paseo por todos sus discos, equilibrando la melancolía de sus temas más recientes con los himnos que lo elevaron al estatus de culto en la década pasada. Pero un show de Mac no es solo música, sino una performance de comedia involuntaria y carisma puro.

En medio del set, la banda sorprendió con un extracto de la canción de «La Pantera Rosa», un gesto lúdico que desató carcajadas espontáneas en toda la audiencia. Pero el momento que realmente se llevó los aplausos (y la incredulidad de muchos) fue cuando Mac, en un arrebato de vitalidad, hizo una invertida sobre el escenario. Ver al músico sosteniendo su propio peso de cabeza mientras el público rugía fue la prueba fehaciente de que el humor de «recreo escolar» que lo hizo famoso sigue intacto hasta el día de hoy. Simplemente hermoso.

Posteriormente, la calma regresó por momentos con la interpretación de la bella «Holy», otro de los puntos altos de su álbum Guitar, que sirvió como un respiro necesario antes de que el caos se apoderara definitivamente del lugar.

El éxtasis final: De la «realeza» al caos vecinal

Hacia la recta final, la intensidad escaló a niveles críticos. Cuando sonaron los primeros acordes de «Freaking Out the Neighborhood», el recinto se convirtió en una marea humana. La locura fue total; mosh pits improvisados y un coro unísono que casi opacaba a la banda confirmaron que este sigue siendo el himno definitivo de su generación.

Tras un brevísimo encore de apenas un minuto (Mac no es de los que se hace esperar demasiado en las sombras), la banda regresó para entregar uno de los momentos más románticos y esperados: «My Kind of Woman» (ese clásico que todos los presentes corearon con el corazón en la mano). Fue el equilibrio perfecto entre el romance más puro y la distorsión que vendría después.

La jornada cerró de manera cíclica y explosiva. A las 22:34, Mac puso el punto final retomando un extracto de «Freaking Out the Neighborhood», dejando la energía en lo más alto y a un público exhausto pero con el alma llena.

Fue una noche donde la intimidad de sus nuevas composiciones y el caos de sus viejos éxitos convivieron en perfecta armonía, recordándonos por qué Mac DeMarco siempre será bienvenido en estas tierras.

Produce: Ni Vivo Ni Muerto.

Agradecimientos a: Ni Vivo Ni Muerto y Agencia Collage.

Fotos por: Gary Go.