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Fauna Primavera 2025 día uno: Sonido impecable y conexión pura en un profundo collage de rock

Fauna Primavera 2025 día uno

La primera jornada del festival Fauna Primavera 2025 en Parque Ciudad Empresarial brilló por su puntualidad y calidad de audio, aunque evidenció problemas serios en sus accesos. Weezer, Stereolab y James lideraron una noche de comunión musical.

El regreso de Fauna Primavera siempre genera expectación, y su edición 2025 prometía un cartel equilibrado que apelaba tanto a la nostalgia como a la vanguardia. Para su primera jornada, el Parque Ciudad Empresarial se presentó como un recinto que, si bien la memoria reciente lo marcó como una mejora importante respecto a locaciones anteriores, aún guardó desafíos.

La experiencia dentro del parque fue, en su mayoría, notablemente cómoda. La distribución de espacios, mejorada desde el año pasado, permitía que todo estuviese cerca: escenarios, zonas de descanso y servicios. No había que embarcarse en largas caminatas para transitar entre un show y otro, lo cual se agradece mucho en jornadas maratónicas.

Sin embargo, la jornada tuvo un talón de Aquiles evidente y frustrante: los accesos. Un diseño de ingreso demasiado pequeño para la convocatoria provocó filas excesivas y un embudo humano que puso a prueba la paciencia de los asistentes mucho antes de que sonara el primer acorde.

Afortunadamente, una vez dentro, la producción de Fauna demostró su fortaleza. El sonido fue, sin exagerar, impecable durante todo el día. No hubo errores audibles, ni saturaciones, ni problemas de mezcla que empañaran las presentaciones. Sumado a esto, la puntualidad fue británica; cada show comenzó exactamente a la hora anunciada, un respeto por el público y los artistas que es digno de aplauso.

Eso sí, la comodidad inicial se vio mermada hacia el final del día. Con la llegada de los headliners, la alta convocatoria hizo que moverse por el recinto se volviera una tarea difícil. Es un recordatorio de que el tamaño del lugar es tanto una virtud como una limitación. Aciertos de producción que se vieron en la robustez general del evento, incluyendo detalles logísticos como una funcional sala de prensa, que si bien cumplió su objetivo, siempre representa una oportunidad para potenciar la hospitalidad en futuras ediciones.

Pero la música fue la verdadera protagonista, y así la vivimos.

El Mató a un Policía Motorizado: Solidez y melancolía al atardecer

Los argentinos fueron los encargados de poner la banda sonora al atardecer, y lo hicieron con la solidez que los caracteriza. Puntuales, desplegaron su clásico indie rock, marcado por esas guitarras suaves y melodías que te transportan. Con un sonido nítido que respetó su propuesta, su setlist fue impecable, un recorrido certero por su discografía.

El sonido nítido permitió que la voz de Santiago Motorizado flotara sobre el reverb de las guitarras, creando esa atmósfera de melancolía compartida que solo ellos saben generar. Fue una presentación que sirvió como el calentamiento perfecto, uniendo a la audiencia en un estado de contemplación serena. Aunque se sintió corto, fue una señal inequívoca de un show bien ejecutado que dejó al público con ganas de más, justo cuando la energía del día solo iba en ascenso.

Mogwai: Un viaje a la psicodelia instrumental

A las 18:15, también con puntualidad máxima, los escoceses de Mogwai tomaron el escenario para ofrecer una cátedra de post-rock. Lo de Mogwai no es un concierto, es un viaje. Fue la psicodelia en su máxima expresión, una experiencia de desconexión del mundo a través del rock. La ecualización fue perfecta, permitiendo que cada instrumento, desde las capas de distorsión hasta los matices más sutiles, tuviera su lugar.

Lo impresionante de Mogwai en vivo es la construcción de sus paisajes sonoros. No necesitan de interacciones verbales; su música habla, grita y susurra por sí misma. Los crescendos y decrescendos fueron manejados con una maestría que mantuvo al público hipnotizado, en un silencio casi reverencial. Cada explosión de ruido controlado era una liberación, seguida de pasajes calmos que permitían respirar antes del siguiente asalto sónico. Una demostración de poderío instrumental.

James: La comunión del folk y la cercanía

Lo que sucedió a las 19:30 fue especial. James, la banda liderada por Tim Booth, ofreció uno de los momentos más memorables del día. Su propuesta, una mezcla atractiva de rock indie, folk y toques country, cobró una nueva dimensión gracias a la entrega de su vocalista. En un acto de conexión total, Booth bajó del escenario durante la primera parte del show y cantó junto al público, rompiendo la cuarta pared y estableciendo una cercanía inmediata.

Con una puesta en escena enérgica y un sonido congruente, la banda presentó canciones de su último disco, las cuales fueron recibidas con gran entusiasmo. La mezcla de sonidos electrónicos y sintetizadores con guitarras acústicas y violines creó una atmósfera profunda y, por momentos, delirante. Un show impecable y emotivo.

Stereolab: Delicadeza abrasadora y experimentación

El reloj marcaba las 20:46 cuando Stereolab inundó el parque con sus melodías. La banda franco-británica ofreció un show de contrastes fascinantes. Comenzaron con esas texturas indie suaves, abrasadoras y extremadamente delicadas que son su sello. La vocalista Lætitia Sadier, tierna y carismática, se mostró muy cariñosa y cercana con la audiencia.

Pero a mitad del show, la banda giró hacia su faceta más experimental. Desataron una sección de pura energía, un rock de vanguardia donde el sintetizador, la trompeta y la guitarra dialogaban en un caos controlado. Sadier demostró ser una frontwoman multifacética, de un profesionalismo admirable. Un show redondo que acarició y golpeó a partes iguales.

Weezer: Una fiesta de energía, nostalgia y amor por Chile

A las 22:00 en punto, la espera terminó. Weezer saltó al escenario y el Parque Ciudad Empresarial explotó. El inicio fue una declaración de intenciones, ya que «My Name Is Jonas» desató la locura inmediata. Lo que siguió fue una clase magistral de cómo entregar un show de headliner: energía y locura a partes iguales, un clásico de Weezer.

Rivers Cuomo, visiblemente feliz, conectó instantáneamente con sus fans chilenos. No solo demostró cuánto ama al país, sino que se esforzó por hablar en español durante todo el concierto, un gesto que el público agradeció con ovaciones. El sonido, incluso con la muralla de distorsión de las guitarras, fue espectacularmente nítido, sin saturaciones ni errores.

El público respondió con la misma intensidad. Cada canción era coreada a todo pulmón y, en los temas más rápidos, los mosh pits se armaban espontáneamente. El momento cumbre de la noche llegó con «Island in the Sun», un mar de voces cantando al unísono en una sola alma, una belleza total.

El setlist fue una montaña rusa perfectamente diseñada, con pocas pausas, canción tras canción para mantener la energía siempre arriba. Sorprendieron con un cover increíble de «Enter Sandman» de Metallica, que sonó sólido, enérgico e impecable, encendiendo aún más a la gente de Fauna Primavera.

El cierre, como no podía ser de otra manera, fue con el himno «Buddy Holly», coronando una presentación redonda, potente y profundamente conectada con una audiencia que se fue a casa con la voz gastada y el corazón lleno. Una jornada con fallas logísticas, pero con un triunfo musical rotundo.

Produce: Fauna.

Agradecimientos a: Agencia Collage.

Fotos por: @garygophoto y Mia.