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St. Vincent + Kim Gordon: Crónica de una noche de furia y genialidad

St. Vincent en Chile

La noche prometía una dosis contundente de rock en sus vertientes más crudas y sofisticadas, y cumplió con creces. El Teatro Caupolicán vibró primero con la crudeza legendaria de Kim Gordon, para luego sucumbir al torbellino de genialidad y carisma de St. Vincent. Dos fuerzas de la naturaleza musical que, aunque distintas, compartieron una entrega visceral sobre el escenario.

Kim Gordon: La madrina del noise que desató su furia

A las 19:56 hrs, la expectativa se materializó con la aparición de Kim Gordon. Desde el primer acorde, quedó claro que no estábamos ante una simple actuación, sino frente a una leyenda viva del rock experimental y progresivo. La ex Sonic Youth, armada con su guitarra y una presencia imponente, demostró por qué su nombre es sinónimo de vanguardia y actitud.

Distorsión pura y poder crudo

Durante intensos cincuenta minutos, Gordon y su banda sumergieron al público en un paisaje sonoro dominado por el ruido controlado, la distorsión llevada al límite y una energía que parecía emanar de las entrañas mismas del rock. No hubo concesiones; fue una descarga directa de poder, pasión y esa «suciedad» sónica que la ha caracterizado durante décadas. Cada tema era una declaración de principios, una reafirmación de su estatus como pionera. El público, conocedor de su legado, recibió con devoción cada oleada de sonido, disfrutando cada acorde como si fuera el primero.

A las 20:49, Kim Gordon se despidió, dejando una estela de reverberación y la sensación de haber presenciado algo auténtico y fundamental.

St. Vincent: Explosión de rock, sensualidad y conexión divina

Tras una pausa que avivó la expectación, las luces se atenuaron a las 21:23 para recibir a Annie Clark, la mente maestra detrás de St. Vincent. Lo que siguió fue una demostración magistral de cómo conjugar la distorsión más afilada con una sensualidad arrolladora, la locura escénica con una precisión musical milimétrica, y una pasión desbordante por el rock en todas sus formas.

Un torbellino multifacético

Desde el inicio, St. Vincent desplegó todo el poder, la explosión y la característica locura que la han convertido en una de las figuras más fascinantes del panorama musical actual. Pero más allá de la apabullante calidad sonora, donde cada instrumento se escuchaba con una ecualización impecable, fue su conexión con el público chileno lo que elevó la noche a otro nivel. Clark, con una cercanía admirable, hizo una pausa temprana para saludar y rendir un sincero homenaje a Kim Gordon, reconociendo a la leyenda que la precedió.

La interacción no se quedó ahí. En un gesto de entrega total, se bajó del escenario para mezclarse con sus seguidores, tomando prestados lentes y gorras, convirtiendo el foso en una extensión de su performance antes de lanzarse literalmente sobre ellos en un memorable crowd surfing. Durante este baño de masas, incluso perdió un zapato, que recuperó entre las risas cómplices de todos. Su dominio del español, salpicado de comentarios chistosos, fortaleció aún más ese lazo. «Chile es el país más bonito que he visto», declaró mientras cantaba recostada sobre sus fans, una frase que resonó con emoción.

La dinámica del show fue impecable, una verdadera montaña rusa, destacando un potente solo de batería que dejó al público boquiabierto mientras el resto de los músicos tomaba un breve respiro. St. Vincent, visiblemente emocionada y agradecida, no dejaba de expresar su gratitud, haciendo pausas para agradecer a los presentes por «estar aquí en vez de otro lugar» y presentar a su talentosa banda.

El encore llegó a las 22:51, entre ovaciones ensordecedoras. La banda regresó a las 22:54, pero primero fue la tecladista quien tomó el escenario para un delicado solo, preparando el ambiente para el cierre. St. Vincent eligió despedirse con una canción lenta, a puro teclado, una caricia sonora que contrastó con la energía y locura previa, demostrando toda su versatilidad. A las 23:01, la magia concluyó, dejando en el aire la certeza de haber vivido una experiencia inolvidable, marcada por la fuerza de dos mujeres que entienden y viven el rock con una intensidad arrolladora.

Fotos por: @garygophoto

Review por: Criss.

Produce: Ni Vivo Ni Muerto.

Agradecimientos a: Agencia Collage.